A 25 años de los atentados a las Torres Gemelas, el especialista en seguridad global Ricardo Ferrer Picado advierte que las grandes catástrofes del siglo XXI dejaron una enseñanza central: la capacidad de respuesta durante los primeros minutos depende principalmente de los gobiernos locales.
A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y más de una década después de la inundación del 2 de abril de 2013 en La Plata, distintos episodios que marcaron al mundo permiten identificar un factor común en la gestión de las emergencias: la primera respuesta ante una catástrofe se desarrolla en el territorio y depende, inicialmente, de las capacidades locales.
Según el especialista en seguridad global, geopolítica y gestión de riesgos estratégicos Ricardo Ferrer Picado, experiencias como Nueva York (2001), Madrid (2004), el huracán Katrina (2005) y La Plata (2013), pese a sus enormes diferencias, demostraron la importancia de contar con estructuras preparadas para actuar durante los primeros minutos de una crisis.
Bomberos, fuerzas de seguridad, Defensa Civil, servicios sanitarios y sistemas locales de emergencia son habitualmente quienes deben intervenir antes de la llegada de estructuras provinciales, nacionales o cuerpos especializados. Para Ferrer Picado, esa primera etapa puede verse condicionada por problemas de coordinación, ausencia de protocolos comunes, dificultades de comunicación y limitaciones presupuestarias.
“Las fuerzas federales o los cuerpos especializados tardan horas o días en desplegarse. La supervivencia de la comunidad se define en los primeros sesenta minutos, y esa ventana es estrictamente municipal”, afirma el especialista.
Ciudades y municipios frente a nuevos riesgos
Ferrer Picado advierte especialmente sobre la situación de las ciudades medianas y los municipios ubicados sobre corredores productivos y logísticos. En esos territorios conviven infraestructura energética, telecomunicaciones, hospitales, transporte, industrias y vías de circulación estratégica que pueden transformar una emergencia localizada en un problema de mayor escala.
Frente a este escenario, plantea avanzar desde una lógica reactiva hacia un modelo de prevención y preparación permanente, con estructuras capaces de coordinar rápidamente los recursos disponibles.
Entre las herramientas propuestas se encuentra la implementación del Sistema de Comando de Incidentes (SCI), la realización periódica de simulacros interinstitucionales con participación de la comunidad y el desarrollo de sistemas de alerta temprana multicanal que permitan transmitir información de manera inmediata ante una emergencia.
Para el especialista, el desafío ya no consiste únicamente en preguntarse qué catástrofes podrían producirse, sino en determinar si cada ciudad dispone de protocolos, comunicaciones, recursos y una cadena de conducción preparada para actuar durante la primera hora.
La primera hora puede definir la magnitud del desastre
A un cuarto de siglo del 11-S, Ferrer Picado considera que la fecha también ofrece una oportunidad para revisar las políticas de prevención y gestión del riesgo de los gobiernos locales.
“La primera respuesta ante una catástrofe nunca es federal; siempre es municipal”, sostiene, y plantea que intendentes y responsables territoriales deben incorporar la gestión integral del riesgo como una política permanente de gobierno.
“El primer metro cuadrado de cualquier crisis siempre es municipal, y allí se juega la diferencia entre daño y desastre”, sintetiza Ferrer Picado.
Ricardo Ferrer Picado es especialista en seguridad global, geopolítica y gestión de riesgos estratégicos.



